
A veces me pregunto esto. Como para aclararme. Recuerda la campaña aquella del Atleti, "papá, por qué somos del atleti?" En una época muy dura para ellos, en la que básicamente no hacían otra cosa que perder. Por qué ser del atleti... si los que ganan son otros. Por qué ser de izquierdas en un mundo que hace gala del individualismo, el libre mercado, el dinero como único motivo, la productividad, el consumo desaforado como mantenimiento del sistema, la especulación como algo legítimo, y últimamente el abaratamiento del despido, y la rebaja de los logros sociales que se han ido ganando a lo largo del s.XX. La reforma laboral dice el Banco de España que no le llega. Yo creo que deberían hablar más claro. Como toda reforma laboral lo que busca es abaratar el factor trabajo, para mejorar el beneficio empresarial, deberían ir al grano y postular más claramente la vuelta a la esclavitud. Perdonad la demagogia pero nunca hubo menos paro que con la construcción de las pirámides. Pero no me quiero ir de la idea. En este mundo tan complejo las palabras ya no significan casi nada y las usamos como a Lewis Carroll le divertía (las palabras significan lo que yo quiero que signifiquen), y eso incluye que un terrorista pueda llamar fascista a un juez, o un fanático de cualquier religión pueda invocar la palabra libertad sin que la cara se le vuelva de cartón piedra. En este mundo complejo en el que ninguno somos expertos en teología, ni economía, ni sociología, pero todos pontificamos y hablamos como si supiéramos. Todos encontramos un resquicio para ver el mundo. Eso marca nuestra manera de interpretar la realidad. Cada uno desde nuestra atalaya particular interpretamos y sesgamos la realidad. Y nos volvemos impermeables, a veces, a los argumentos de los demás.
Yo soy de izquierdas porque sé a quién pertenezco y a quién quiero favorecer. Es una elección personal. Supongo que soy de izquierdas porque no soporto la desigualdad. Porque creo en un cierto intervencionismo del estado, para que garantice entre otras cosas la redistribución de la riqueza. Porque me gusta un estado fuerte, con una política fiscal fuerte que grave al que más tiene. Porque creo en los derechos individuales de la persona, por encima de religiones, tradiciones y costumbres (¿por qué la iglesia católica tradicionalmente ha estado siempre tan cerca del poder ya fuera éste monarquía, dictadura o lo que fuera?) Porque no creo en los lobos dando de comer a las ovejas. Porque sé quién tiene la sartén por el mango, quién tiene el poder, y quién lo sufre. Porque sé quién me defendería si tuviera un problema en el trabajo. Porque se sabe quién provoca las crisis y quiénes las acaban pagando (¿pero no postulan los neoliberales la no intervención del estado? ¿qué hacen entonces los gobiernos saliendo a salvar bancos?). Porque ya no hay ideologías, y no nos gobiernan partidos sino poderes económicos. Porque desde mi atalaya hay demasiada gente que necesita ayuda. Porque además no es sostenible un mundo con tanta desigualdad, no es viable. Ni justo. Si la izquierda está más unida a los núcleos melancólicos, y la derecha a los esquizoides, si el comunismo es confusional. Yo debo ser muy confuso. A veces pienso que el comunismo es algo demasiado avanzado para esta época (el comunismo como idea, lo de Fidel y demás es la locura). Algo así como ponerle a Torquemada en las manos un portátil con conexión wifi. Y que moralmente no estamos preparados. Al fin y al cabo el arquicerebro, las partes más antiguas y arcaicas evolutivamente de nuestro cerebro, ligadas a las emociones, prácticamente no se han desarrollado los últimos cientos de miles de años. Quién sabe. A lo mejor algún día evolucionamos y cuando los tataranietos de nuestros tataranietos miren hacia atrás y vean nuestras fotos pixeladas, piensen con asombro qué brutos eran nuestros viejos, qué atraso!, la gente se moría de hambre y lo permitían! o había países en el que se juzgaba y asesinaba a los homosexuales! de la misma forma que ahora miramos con asombro las barbaries pasadas.