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domingo, 28 de abril de 2013

¿QUIÉN QUIERE VIVIR PARA SIEMPRE?

     En algunas ocasiones, pequeñas películas nos dejan una huella profunda. Hace ya 18 años de "Antes del amanecer" (Before Sunrise), protagonizada casi en exclusiva por Julie Delpy e Ethan Hawks y que fue el origen de una trilogía que se ha ido desarrollando con los años. Posteriormente vendría "Antes del atardecer" (Before Sunset) y recientemente "Antes de la medianoche" (Before Midnight) estrenada en Sundance este mismo año.  

  Si hablamos de "Antes del amanecer", hablamos de una película aparentemente sencilla, rodada como una sucesión de diálogos que al espectador le dan la sensación de transcurrir casi a tiempo real. Como si hubieras colado tu mirada por una rendija en un trozo de vida real de dos chicos veinteañeros desconocidos que se encuentran en un tren y deciden bajarse de él para conocerse e iniciar una historia romántica. La magia del cine quizás tenga que ver con esto. Por muy sencilla que sea una película, si el proceso de identificaciones se pone en marcha puede atraparte. Y en este caso es imposible no identificarte con algún aspecto de ellos ya que tocan  todos los palos universales sobre los que la mayoría de la gente se pregunta, discute, piensa y teoriza: las relaciones entre hombres y mujeres, el sexo, el amor, la vida y la muerte, la rutina, la vida de los otros vista desde el sentirse especial y diferente. 

     La película comienza en un tren con el encuentro casual o casi casual entre dos chicos, norteamericano él, francesa ella, en un viaje desde Budapest, en el que van pero no tienen el mismo punto de llegada. Ella se dirige a París, él debe bajarse en Viena. Hasta aquí el contenido manifiesto del cuento. Pero esto servirá de excusa para que pongan en juego a lo largo de la película su mundo interno. Que es lo realmente interesante. 

     Lo primero que llama la atención es la aparente sencillez del planteamiento a base de diálogos y en principio poca acción. Como en aquella "Historias mínimas" (2002), del argentino Carlos Sorín. Y sin embargo te va atrapando, porque lo realmente importante no es la acción en la pantalla fuera de uno mismo, si no lo que se moviliza dentro de uno en cada escena. Si hay movimiento "dentro", la película está viva. 

    Otro elemento que juega a favor, y sobre el que recae todo el peso es la gran interpretación de ambos protagonistas. Sobre ellos y su mundo interno recae el foco, con apenas algunos mínimos encuentros breves con algunos personajes que les salen al paso. Breves y efímeros. En consonancia con la gran problemática de la película, lo efímero contra lo que perdura. La narración transcurre claramente en dos planos temporales que se sugieren desde el principio, el tiempo que podríamos llamar "real", es decir el “tiempo en su carril”, de lo que se supone que está previsto ser vivido,  lo que en Psicodrama podríamos llamar la "conserva cultural". En el caso de él tomar un avión de vuelta a EEUU y en el de ella llegar a París. Y el “tiempo fuera del carril”, de lo que se supone que no iba a ser vivido, una suerte de tiempo en el que se arriesga, un acto naciente. Desde ese punto de vista no es casual que se conozcan en un tren, como metáfora de la vida que transcurre por una senda prevista, "encarrilada". Con el paso de las escenas se irá viendo que según el tiempo real contamina el tiempo del  acto naciente, crece la angustia. Como dos Romeo y Julieta modernos, que pertenecen a dos mundos diferentes no necesariamente enfrentados pero cuyos contextos les separan. Por tanto hay un tercer personaje que hace las veces de antagonista, que flota sobre ellos, el tiempo real, la realidad que les introduce en el dilema de vivir algo intenso, verdadero, idealizado, pero efímero o introducir al otro/a en su realidad perdurable con las dificultades y esfuerzos que supone y el riesgo de des-idelización, hastío y fracaso. De esta manera adquiere significado la exposición que ven anunciada en un cartel en una farola, en ella se pueden ver figuras de personas casi difuminadas en el contexto. ¿Puede el contexto acabar con la individualidad? ¿Es posible salirse de esos carriles rutinarios que el contexto impone? ¿El ser humano se ve difuminado hasta desaparecer y no ser más que una sombra? Ese diálogo supone un punto de inflexión: es el  primer momento en el que se plantea algo más allá del tiempo presente mágico que están viviendo, el primer momento en el que el futuro se cuela entre ellos, (“qué pena es una exposición que no podremos ver, es la semana que viene”). El futuro, como marca su carril y el tiempo real-antagonista, no les pertenece. Solamente el presente. Especialmente deliciosa es la escena en la que fantasean qué dirán cada uno a sus figuras significativas cuando vuelvan a la realidad, en lo que supone un diálogo en el que apoyados en el otro como yo auxiliar, dramatizan una escena de futuro, a medio camino entre doblarse a sí mismos y el cambio de roles. 

Relacionado con esto, la película plantea lo efímero, lo transitorio como algo que nos hace sentirnos vivos. Pero que produce angustia, y que al final, para combatir dicha angustia, caemos en la tentación de querer retener las experiencias, que pierda su naturaleza de muerte inminente y se queden en nuestra vida. Aun a riesgo de convertirse en monotonía. Todos los personajes que les van saliendo al paso son personajes fugaces, en sus vidas (y en la del espectador). Personajes que aparecen un segundo para rápidamente desaparecer: un mendigo poeta, una lectora de manos que les asalta en un café, una bailarina callejera. Son personajes de lo efímero. Ellos también lo son el uno para el otro, pero han logrado congelar el instante. La analogía se puede establecer con la vida. Un lugar más efímero de lo que creemos, que puede ser vivido como un carril programado o no. Lo efímero en su lucha con lo perdurable, ¿no le da a la vida un sentido, una intensidad, el saber que no será para siempre? ¿Y a la vez no deseamos y fantaseamos que sí lo fuera?

      En ese encuentro libremente elegido por ambos transcurren, poniendo algo de autenticidad. Él que dice estar harto de sí mismo y que se maneja en la vida con cierto cinismo y descreimiento de todo, como un turista en una vida que no debería estar viviendo puede sacar otros personajes internos.  El encuentro le permite ser otro, un otro diferente para ella. Alguien a quien sorprender, con quien poder ser romántico, a quien poderle contar por primera (y previsiblemente única vez) sus vivencias infantiles, lo que piensa sobre la vida o las relaciones. En el fondo se transforman en una idealización, como personajes desconocidos el uno para el otro sobre los que poder proyectar. El tiempo del amor romántico, se basa en eso, en la proyección y el alejamiento de la realidad. Es un momento psicótico casi delirante. En el que se podría decir que a mayor idealización más locura y mayores carencias internas. Porque uno idealiza basándose precisamente en eso, en sus carencias. Con el tiempo dice el chico, acabarías conociéndome y te cansarías de mis anécdotas, de mis maneras de hacer y reaccionar. Es decir que con el conocimiento declinaría la locura romántica. La proyección y la idealización perdería lugar. Desde este punto de la lucha entre la idealización y el amor real, uno podría decir que cualquier amor real será siempre mejor que un amor idealizado. Un amor real que asuma la castración, sus límites, sus carencias, que renuncia a que nos colme en todo y en todo momento. Pero que a la vez para llegar a ser real, necesita esa fase de locura. Es necesario enloquecer un poco para llegar a estar cuerdos (un poco). 

     Me gustaría llamar la atención sobre algunos elementos simbólicos que pueden pasar desapercibidos. El uso que hace el director de las escaleras y los puentes como telón de fondo de algunas escenas. Cosa que se repetirá en la segunda parte también. Las escaleras sirven para unir dos puntos, dos planos diferentes del suelo.  De la misma manera en que ellos se manejan en esos dos planos de idealización romántica y realidad. La lógica de los puentes es la misma, unir dos puntos, dos objetos que están separados, dos personajes con poco tiempo para construir un puente que una los dos planos, los dos mundos separados que son ellos. 

     

 Finalmente como corresponde a una trama que forma parte de una trilogía, las espadas quedan en alto. Un repaso visual a los lugares en los que han estado nos muestra qué diferentes son cuando son decorados del mundo real, a cuando han sido el telón de fondo de ese tiempo fuera del tiempo que han construido fuera del carril. Los lugares aparecen ya, rutinarios, vacíos, sin palabras, carentes de toda magia. Las palabras eran el verdadero puente entre ellos. Como si hubieran vivido un sueño shakespiriano, el sueño de una noche de verano, los ojos se cierran justo en el momento del despertar. 

    




viernes, 14 de septiembre de 2012

QUE LE DEN CANDELA


Queda una semana para estar paseando por el malecón de La Habana, tomando un mojito en la bodeguita de enmedio y haciendo Psicodrama con un grupo indeterminado de artistas, psicólogos y psiquiatras cubanos. El viernes a la noche ya estaremos por allí. Uso el plural porque vamos 3. Y a duras penas tenemos idea de lo que nos encontraremos. Podríamos hacer una larga lista de cosas que no sabemos del grupo: el perfil de los participantes, su número, si se conocen entre sí, los conocimientos previos que tienen, ¿podremos usar un proyector para los power point que llevamos? Todo un reto para una personalidad como la mía tendente al control, con ciertos tintes de omnipotencia y con un ideal del yo hipertrofiado. Pero si algo representa el Psicodrama es la espontaneidad, habrá que confiar más que nunca en ella y en el grupo. El grupo es sabio. Si quieren implicarse tenemos medio camino hecho.

De momento las comunicaciones con la isla han rozado el surrealismo. Parece ser que conceptos como las líneas adsl, modems, wifi y demás no han llegado allí. No reciben los mails en ocasiones, aunque aquí sale aceptado. Hemos llegado a un punto en el que me ha empezado a dar igual si el visado es de turista o es de formación o qué. Ellos lo solucionarán cuando les convenga. Y bueno, es claro que les conviene. 

Algunas emociones y sensaciones se mezclan. No puedo esconder una simpatía por una gente que sufre un bloqueo inhumano desde hace años. Simpatía por un tipo de sociedad diferente que no tiene el individualismo y el capitalismo por bandera si no lo comunitario y el socialismo. Pero no se pueden negar las oscuridades de un sistema que para mantenerse tiene que hacer del adoctrinamiento y la falta de libertades un pilar fundamental. Admiración y tristeza. Simpatía y decepción. Contradicción. 

Me queda una semana para domar las fantasías temidas que son un racimo abundante. Frenar la intelectualización y virar hacia lo lúdico. ¡Winicott! Pase lo que pase será bueno. Y será histórico en nuestras vidas. Enriquecedor e inolvidable. Seguramente Moreno si nos estuviera viendo, se partiría de la risa. ¡Qué oportunidad y qué grande poder vivir esto, chico!


Ofrenda moreniana ante el inminente y catártico aterrizaje en La Habana:


Moreno que estás en los cielos, 
¡trae a nosotros tu Encuentro!, 
los actos nacientes pueblan la escena 
y fluye el proceso primario.

Enséñanos  la contratransferencia 
Que los caldeamientos caldeen 
y los yoes auxilien.
Permite que el grupo hable con voz verdadera.

Protégenos de las conservas culturales, 
de los roles congelados
de la preocupación y el narcisismo
de la intelectualización que frena la escena

Hágase la espontaneidad y la ternura,
en el aquí y ahora

Y líbranos de las resistencias. 

¡Amen!
(sin tilde)



domingo, 26 de diciembre de 2010

LAS FORMAS DE COMUNICACIÓN ALIENANTE


La navidad es un periodo complicado. El hecho de pasar tanto tiempo en reuniones familiares, a las que más o menos todos estamos avocados, puede ser perjudicial para la salud. No lo digo con ironía. Es literal. Por algo se dice aquello de ¿qué tal las fiestas? ¿las vas a pasar bien o en familia? Quizá fruto de este sobreexceso familiar con cantidad de mensajes cruzados, situaciones extrañas, dobles mensajes y demás, me entran ganas de vestirme de camaleón para reflexionar sobre algunas formas de comunicación alienante que todos practicamos. Todos es todos. Yo el primero.
Una forma de comunicación alienante es una pauta de comunicación tergiversadora, tramposa, que suele conducir al otro a la confusión y que en general, suelen tender hacia la negación de la "otridad" del otro, de su punto de vista y su forma de ser. Por eso es alienante. Conviene conocerlas, porque estamos sometidos a ellas de continuo y eso significa que también cada uno la utiliza sin ser consciente. Aunque ahora al explicarlas parecerán burdas, no os fiéis, las colamos y nos las cuelan de forma muy sutil. Y en cualquier caso, su efecto será siempre más devastador cuantos menos recursos, formación, edad y salud mental tenga la persona.

FORMA DE COMUNICACIÓN ALIENANTE NÚMERO 1. LA COSIFICACIÓN.

Consiste en poner una etiqueta al otro. Se niega su globalidad. Si en algún otro post hemos comentado que no somos uno solo. Sino que somos muchos. Un conjunto de personajes y roles. Cosificar es etiquetarlo para creer que entendemos al otro. Esto se da mucho en mi profesión. "Es un psicótico" (como si eso significara algo), "es un obsesivo", "una histérica", "un carácter débil". En la vida cotidiana, podemos tachar a alguien y convertirlo en "un borde", "una aburrida", etc.
En la comunicación con el otro, el etiquetado no es infrecuente que vaya asumiendo poco a poco la etiqueta que le han colgado. Y definiéndose desde ahí. Olvidando toda la riqueza que la etiqueta niega.


FORMA DE COMUNICACIÓN ALIENANTE NÚMERO 2. LA MIXTIFICACIÓN (o mistificación)

En sentido activo, mixtificar significa nublar, obscurecer, confundir, enmascarar, en beneficio de uno mismo.

Un tipo de mixtificación muy utilizado consiste en creernos con el derecho a determinar el sentimiento del otro. "Cómo puedes estar triste con todo lo que tienes", "te debería dar vergüenza pensar así". Como si uno mismo fuera la vara de medir lo que los demás deben sentir. Yo de este tipo soy un auténtico maestro, lo reconozco.


FORMA DE COMUNICACIÓN ALIENANTE NÚMERO 3. EL DOBLE MENSAJE.


Es un clásico tanto dentro de la psicopatología como en la vida cotidiana. Durante años se postuló como teoría del origen de la esquizofrenia. Ya que es una realidad, que en las familias de personas con psicosis es muy común encontrar cientos de dobles mensajes. Hoy día esto ya no se postula por lo menos con ese carácter tan categórico, pero sí es conocido lo atrapado que queda uno al entrar en los dobles mensajes. El mecanismo consiste en mandar un mensaje ambiguo, una primera parte del mensaje afirma algo, pero la segunda parte niega eso mismo. En clave de pareja: "no me importa que vayas con tus amigos, pero bueno habíamos dicho hace tiempo que íbamos a cenar en casa con..." No siempre es tan burdo, en ocasiones es mucho más sutil porque el doble mensaje no siempre es verbal. Lo contradictorio puede estar en la diferencia entre lo verbal y lo corporal. "No, no me importa de verdad" (con cara seria, ojos bajos...) Lo verbal entra en contradicción con lo corporal. En ese sentido el Psicodrama es un instrumento privilegiado para detectar esto. Como os podéis imaginar los dobles mensajes generan confusión y atrapamiento. Que no pocas veces deriva en discusión. Aunque el efecto más común es la culpa. Ya que hagas lo que hagas, incumplirás una de las dos partes del doble mensaje.
En un ejemplo real de una persona con cierto tipo de psicosis, su padre en el intervalo de 45 min., llegó a afirmarme lo siguiente: mi hijo necesita un sitio para ingresar de por vida/ mi hijo lo que necesita es un trabajito, confío mucho en vosotros/estoy buscando otro centro para que esté, mi hijo no le gusta el fútbol/a mi hijo le gustan todos los deportes, mi hijo es muy obediente/ mi hijo no hace caso, etc. etc. Enloquecedor. Y es que a veces, parece que no quedara más camino que petar para librarse de ciertas situaciones.


FORMA DE COMUNICACIÓN ALIENANTE NÚMERO 4. LA INVASIÓN DE LÍMITES.

Es la forma preferida por las madres. Y por ende, por las suegras. Consiste en meterse en el territorio del otro sin permiso, ni respeto. Tengo que decir, que en este caso, no precisamente de mi madre. Que no sólo no invade límites, sino que como te descuides no te llama en un mes. La invasión de límites se produce de diferentes formas: intentando controlar la conducta del otro ("lo que tienes que hacer es..."), dando la tabarra para contar lo suyo, historietas, anécdotas mil veces contadas, no escuchando, "pues nosotros cuando estuvimos en..." (y ahí ya se nubla todo y no vas a poder meter baza en una hora). Pero mi forma favorita de invasión de límites es desde el amor. Con la excusa de "si es por tu bien...", "si no nos importa...". No quiero ser muy concreto pero cabe decir que el cariño al otro puede esconder la alienación. Y se ve fácil, especialmente cuando uno tiene dificultades para poder decir que NO a los ofrecimientos generosos que recibe, por aquello de "esperemos que no se enfade". El exceso de ayuda (no pedida) puede violentar al otro. Y constituye una invasión de límites.

FORMA DE COMUNICACIÓN ALIENANTE NÚMERO 5. LAS ATRIBUCIONES.


Consiste en atribuir al otro cualidades que no tiene. Se parece a la cosificación. Pero la cosificación es más rotunda y definitoria de la personalidad del otro. A veces tienen formas muy categóricas, con fórmulas de "siempre/nunca". "Como es incapaz de decidirse...", "nunca has querido a nadie", "como nunca escuchas...", etc. Las atribuciones, ojo, también pueden ser positivas. Y quedar atrapado en ellas. En estar a la altura de la brillantez que se le presupone al que sufre la atribución. Un pedestal también puede ser una cárcel. Por lo mismo que la cosificación, porque uno llega a creer que el pedestal es real, y uno es especial.


En fin, seamos conscientes de la trampa que esconden todas estas formas de comunicación. Reconozcamos que el otro es inabarcable, que ninguna etiqueta puede definirle. Que no podemos invadir sus límites, ni siquiera por su bien. Seamos claros si queremos algo. Seamos claros si no queremos algo.
Y no caigamos en la confusión que generan estas formas, cuando involuntariamente nos lleguen, especialmente de nuestros seres más queridos.

Felices fiestas.





domingo, 12 de septiembre de 2010

ELOGIO (NECESARIO MÁS QUE NUNCA) DE LA RISA


Queridos míos, recién llegado de Sicilia como quien dice. Después de bañarme en el Jónico y en el Tirrénico. Que se parecen tanto al Mediterráneo que haría falta un perito experto para intentar diferenciarlos... ando yo desesperado por la vuelta al trabajo. Envidiando los trabajos de todos. Odiando el mío. Pensando en qué hacer para no hacer nada, para dedicarme a la buena vida y al cachondeo y no volver a trabajar jamás, para que me den una IPA y a vivir (IPA= incapacidad permanente absoluta, pensión de por vida!!)... y en esta desesperación que me suele durar unas semanas me entran ganas de hablar sobre la alegría y la tristeza. Y es que durante cientos de años, la tristeza fue el octavo pecado capital. Sí sí sí hijos míos. Hasta que San Gregorio Magno los dejó en 7. Porque se consideró redundante la tristeza y la pereza. Y es que no hay nada más perezoso que estar triste. No hace falta hacer nada y viene. Sin embargo la alegría, la broma, hace falta invocarlas. Hay que hacer un esfuerzo, una cuestión de actitud. La alegría por definición, como emoción positiva que es, no puede ser de larga duración. Las emociones positivas son efímeras. Esto lo sabemos desde que Frijda publicó las leyes de las emociones. Por mucho estallido de alegría que te de una quiniela de 15, a los pocas horas o días, la preocupación por dónde guardarás el dinero vienen a sustituir al estallido inicial. Una cuestión de actitud.

A mí me gusta decir que el sentido del humor es el sentido del amor, sólo me apetece hacer reír a la gente que quiero y aprecio. Es la mejor ofrenda. Es lo que nos salva. Y no tengo dudas de que la risa es un indicador de salud. Dime cuánto te ríes a lo largo del día y te diré cuánto de feliz eres. Aunque solo sea porque el humor establece una distancia con la realidad, una distancia que te ayuda a desdramatizarla y a poder afrontarla de otra manera. A veces, no puedes dejar de fijarte en gente tan desbordada por la realidad que no es capaz de establecer esa distancia. Que parecen continuamente desbordados por ella, como si lo que les pasara fuera lo más terrible del mundo. Auténticos imanes de desgracias. Que en realidad no lo son tanto pero han llegado a convencerse de que su realidad es triste. No hay nada más cansinamente coñazo que un melancólico. Y es curioso, pero cuando somos niños no hay que hacer tanto esfuerzo. Es en esa espontaneidad, ajena a la rigidez de los adultos cuando más felices somos. Hay algo en el proceso de hacerse adultos que olvidamos. Algo que el Psicodrama llama espontaneidad, en contraposición a lo que se ha quedado congelado, a los contenidos que la cultura nos va transmitiendo y quedan fijados ("conservas culturales"). La creatividad, y por ende la risa, la espontaneidad, el pensamiento divergente, el Psicodrama, tienen que ver con la libertad. La libertad de coger lo que se ha quedado congelado, transformarlo y darle la vuelta.
Por ahí leía un estudio hace poco, que decía que las mujeres ríen mucho más que los hombres. Y especialmente en presencia de ellos. Probablemente porque el esfuerzo de esos hombres es hacer reir. Podría ser. También decía el estudio que las mujeres encuentran mucho más atractivo a un hombre que las hace reir. Seguramente ese mecanismo de seducción hace perpetuar el sistema. De cualquier manera, es cierto que es difícil encontrar una mujer que haga reir. Y es muy fácil encontrar un hombre con esa actitud. Sin embargo hay que tener cuidado porque la broma y la risa tienen también su mala prensa. Últimamente estoy hasta el pelo de la gente que considera que las bromas son dañinas, que no se puede estar haciendo bromas, que es de mal gusto, como si hubiera un guión del que no se puede uno salir, y si lo hace es incorrecto. Probablemente no hay nada más unido al humor que salirse del guión, la sorpresa. Si pensáis en qué hace reir de un chiste o de algo gracioso es precisamente eso... la sorpresa de salirse de un carril que tú en tu mente ya habías recorrido. En fin. Me considero un fanático de todos los tipos de humor, unos me parecen sublimes como Les Luthiers y otros no me hacen gracia, como Los morancos pero bueno, hay diferentes sensibilidades. Y me niego a plantear una vida rígida en la que todo sigue el guión establecido. Riámonos de todo. Riámonos sobre todo de nosotros mismos. No te tomes la vida tan en serio. Al final la vas a palmar igual. Y ten el coraje de tener esa actitud de regalar risa, aunque a los cenizos de siempre les parezca que eso se llama inmadurez.
Actitud, amor, esfuerzo, invocación, poder alejarse de la realidad para no caer bajo su peso, reirse de uno mismo. Casi nada es tan importante como para que no le podamos encontrar la vuelta. Ése es el camino.


2 regalitos.

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sábado, 19 de junio de 2010

No me lo cuentes, vamos a verlo.


Esa es la consigna. A la que no voy a poder ser fiel, porque voy a hacer justo lo contrario. Me gustaría explicaros lo que es el Psicodrama. Pero no me resulta fácil, aun después de 6 años de idilio. Porque es algo parecido a explicar cómo se juega al fútbol. Se entiende mejor jugándolo. Y las palabras son limitadas, una cadena de significantes inagotable, que nunca llega a atrapar la totalidad del significado. Por eso quizás también nació el Psicodrama. Por la limitación de las palabras. Y constatar el papel catalizador del cuerpo, al entrar en juego. Todo un lenguaje, el del cuerpo, que lamentablemente se margina hasta hacerlo desaparecer en las escuelas. Sin embargo me apetece contaros algo sobre esto porque es valiosísimo. A todos os enriquecería pasar por una formación de este tipo. Sueño con esto a veces. Un mundo en el que Tele5 y su influencia languidece y el Psicodrama se pone de moda. Algo así como el Psicoanálisis en Argentina. Aunque sospecho que esta fantasía se quedará en eso. Tele5 saldrá triunfante. Se convertirá en la influencia universal. Y el psicodrama seguirá siendo un bicho raro o un hermano menor en el mejor de los casos.


Lo primero que habría que decir, si quiero situaros, es que Psicodrama es igual a "acción". Poner en acción psiquismos. Sacar fuera lo que está dentro. Lo no dicho. Poner en escena miedos, fantasmas, fantasías, personajes internos, hechos pasados o presentes, roles, relaciones con los diferentes "objetos" que pueblan nuestra vida, sueños, partes de uno mismo. Es una manera de mirarnos. Mirar hacia dentro para conocer lo que somos. Conocer lo que somos para permitirnos serlo. En el fondo esto no es muy diferente de lo que otras psicoterapias también pretenden. El plus que aporta el psicodrama es la tridimensionalidad. El poder ver, a través de la puesta en escena lo que nos atenaza, precisamente para desdramatizarlo. Más que Psicodrama, debería llamarse Psico-desdrama (Rafa González Mendez dixit). Para ello el grupo es fundamental, el grupo y su honestidad. El grupo es más sabio que el terapeuta. Te irá ayudando a vivir la escena, y a ir más allá de ella. A aportarte partes de ti mismo que tenías cegadas. Quizás alguien piense, por qué revivir algo que me hizo daño. No quiero pasar por eso. Pero no es tocar la herida por el mero hecho de tocarla. Es representarla para aprender de ello. Para tener la oportunidad de repararte y dejar que te reparen. Para entenderla mejor quizás. O para tolerarte mejor y rebajar el sadismo interno. En definitiva para hacer algo diferente, de lo que hiciste o de lo que sueles hacer. Para descubrir los roles en los que te congelas y te atrapas, o al revés, en los que estás adaptado y a gusto, pero que no te dejan desarrollar otras partes de ti mismo. No somos uno. Un solo rol. Una unidad. Somos muchos personajes. Conviene acordarse para darle bola a todos. Y permitirnos serlos.

Os pondré un ejemplo, hace años, en el contexto de la psicosis os hablo. Un chico muy replegado sobre sí mismo, muy inhibido, habla muy poco. Quizás vive "al otro" como un peligro permanente. Alguien que se puede volver contra uno y devastarte. En ese contexto jugábamos a ser cada uno un objeto, el objeto que quisiéramos ser. Andando por la sala cada uno fue eligiendo su objeto y una característica, qué defina lo importante de ese objeto. Este chico elige una apisonadora. Una apisonadora, imparable. Todo el grupo juega a ser apisonadoras. Se transforman en seres imparables. Justo lo que no son. Lo que no se atreverían a ser en ningún momento. Y se ríen, viendo las diferentes maneras de convertirse en una apisonadora. Y así sucesivamente se fueron transformando en jarrones serviciales, televisiones ilusionadas, balones apasionados. En el compartir final, alguien comenta que también hay cosas rescatables de ser una apisonadora en la vida real. ¿Qué significa también ser imparable? Ser decidido, plantearte objetivos e ir a por ellos. Ser constante, no rendirse. Evidentemente no pasa desapercibido el aspecto agresivo que aflora al proponer ese objeto. Una agresividad y una rabia profunda, evidentemente negada si hubiera sido confrontada pero que aquí se canaliza y se juega.


Una idea final por hoy. Hay una parte catártica en todo esto. En representar un fuerte enfrentamiento con tu padre, o un aborto, o el nacimiento de tu primer hijo, las dificultades de relación con tu jefe, la escena temida si te acercaras a una chica, o...
Hay una parte catártica. De registro emocional alto, regresiva en ese sentido. Hay que vivir la escena, no fingirla. Pero también hay una parte de aprendizaje. Una parte de espontaneidad. Una de humildad y de rebaja del narcisimo, al devolverte el grupo lo que percibe. Una de contención, porque el grupo te acuna. Una de coraje para mirar en lo oculto. Y necesariamente una elaborativa, de integración de lo que se ha vivido en la escena. No es sólo catarsis. Sino elaboración. Y de esa conjunción, es de donde nace la riqueza, y el cambio.





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