domingo, 12 de septiembre de 2010

ELOGIO (NECESARIO MÁS QUE NUNCA) DE LA RISA


Queridos míos, recién llegado de Sicilia como quien dice. Después de bañarme en el Jónico y en el Tirrénico. Que se parecen tanto al Mediterráneo que haría falta un perito experto para intentar diferenciarlos... ando yo desesperado por la vuelta al trabajo. Envidiando los trabajos de todos. Odiando el mío. Pensando en qué hacer para no hacer nada, para dedicarme a la buena vida y al cachondeo y no volver a trabajar jamás, para que me den una IPA y a vivir (IPA= incapacidad permanente absoluta, pensión de por vida!!)... y en esta desesperación que me suele durar unas semanas me entran ganas de hablar sobre la alegría y la tristeza. Y es que durante cientos de años, la tristeza fue el octavo pecado capital. Sí sí sí hijos míos. Hasta que San Gregorio Magno los dejó en 7. Porque se consideró redundante la tristeza y la pereza. Y es que no hay nada más perezoso que estar triste. No hace falta hacer nada y viene. Sin embargo la alegría, la broma, hace falta invocarlas. Hay que hacer un esfuerzo, una cuestión de actitud. La alegría por definición, como emoción positiva que es, no puede ser de larga duración. Las emociones positivas son efímeras. Esto lo sabemos desde que Frijda publicó las leyes de las emociones. Por mucho estallido de alegría que te de una quiniela de 15, a los pocas horas o días, la preocupación por dónde guardarás el dinero vienen a sustituir al estallido inicial. Una cuestión de actitud.

A mí me gusta decir que el sentido del humor es el sentido del amor, sólo me apetece hacer reír a la gente que quiero y aprecio. Es la mejor ofrenda. Es lo que nos salva. Y no tengo dudas de que la risa es un indicador de salud. Dime cuánto te ríes a lo largo del día y te diré cuánto de feliz eres. Aunque solo sea porque el humor establece una distancia con la realidad, una distancia que te ayuda a desdramatizarla y a poder afrontarla de otra manera. A veces, no puedes dejar de fijarte en gente tan desbordada por la realidad que no es capaz de establecer esa distancia. Que parecen continuamente desbordados por ella, como si lo que les pasara fuera lo más terrible del mundo. Auténticos imanes de desgracias. Que en realidad no lo son tanto pero han llegado a convencerse de que su realidad es triste. No hay nada más cansinamente coñazo que un melancólico. Y es curioso, pero cuando somos niños no hay que hacer tanto esfuerzo. Es en esa espontaneidad, ajena a la rigidez de los adultos cuando más felices somos. Hay algo en el proceso de hacerse adultos que olvidamos. Algo que el Psicodrama llama espontaneidad, en contraposición a lo que se ha quedado congelado, a los contenidos que la cultura nos va transmitiendo y quedan fijados ("conservas culturales"). La creatividad, y por ende la risa, la espontaneidad, el pensamiento divergente, el Psicodrama, tienen que ver con la libertad. La libertad de coger lo que se ha quedado congelado, transformarlo y darle la vuelta.
Por ahí leía un estudio hace poco, que decía que las mujeres ríen mucho más que los hombres. Y especialmente en presencia de ellos. Probablemente porque el esfuerzo de esos hombres es hacer reir. Podría ser. También decía el estudio que las mujeres encuentran mucho más atractivo a un hombre que las hace reir. Seguramente ese mecanismo de seducción hace perpetuar el sistema. De cualquier manera, es cierto que es difícil encontrar una mujer que haga reir. Y es muy fácil encontrar un hombre con esa actitud. Sin embargo hay que tener cuidado porque la broma y la risa tienen también su mala prensa. Últimamente estoy hasta el pelo de la gente que considera que las bromas son dañinas, que no se puede estar haciendo bromas, que es de mal gusto, como si hubiera un guión del que no se puede uno salir, y si lo hace es incorrecto. Probablemente no hay nada más unido al humor que salirse del guión, la sorpresa. Si pensáis en qué hace reir de un chiste o de algo gracioso es precisamente eso... la sorpresa de salirse de un carril que tú en tu mente ya habías recorrido. En fin. Me considero un fanático de todos los tipos de humor, unos me parecen sublimes como Les Luthiers y otros no me hacen gracia, como Los morancos pero bueno, hay diferentes sensibilidades. Y me niego a plantear una vida rígida en la que todo sigue el guión establecido. Riámonos de todo. Riámonos sobre todo de nosotros mismos. No te tomes la vida tan en serio. Al final la vas a palmar igual. Y ten el coraje de tener esa actitud de regalar risa, aunque a los cenizos de siempre les parezca que eso se llama inmadurez.
Actitud, amor, esfuerzo, invocación, poder alejarse de la realidad para no caer bajo su peso, reirse de uno mismo. Casi nada es tan importante como para que no le podamos encontrar la vuelta. Ése es el camino.


2 regalitos.

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viernes, 30 de julio de 2010

LA LLAMADA (1/3)


Recibir una llamada a las 00:42 de la madrugada no es algo habitual. Llevaba dormido más de una hora. Con las ventanas abiertas, el patio interior es un agujero negro que succiona cualquier ruido y lo amplifica, como si fuera una gran caja de resonancia. Me levanté de la cama de un salto y crucé la habitación hasta el pequeño salón, apenas unos 4 metros. Durante los 3 segundos que tardé en llegar hasta el teléfono desarrollé varias teorías sobre quién podría estar llamando a esa hora. Ninguna de ellas tranquilizadora. Pensé en mi madre y su maltrecha cadera, como un muñeco roto desde el suelo. O peor aún, la fría voz de mi hermana diciendo "¿Frede? ha ocurrido una desgracia..." Dudé antes de cogerlo. Una extraña sombra se extiende tras una llamada de madrugada. Pero el sonido rebotando en las paredes del patio no me dejó otra opción que descolgar precipitadamente.

- ¿Sí?
Silencio.
- ¿Sí? ¿Hola? ¿Hola? ¿Quién es?

Esperando una respuesta me sentí ridículo y maldije no tener un inalámbrico para poder cerrar la ventana.
Al otro lado nada se movía. Una asfixiante noche del mes de Julio, con el aire espeso de plomo hirviendo. El reloj del vídeo marcaba las 00:40 pero iba 3 minutos retrasado.
Con esfuerzo volví a saludar, como un tiro al aire, y esta vez me pegué más al auricular.

Nada.

Colgué y miré el visor para detectar el número. Quien quiera que fuera se había preocupado en ocultarlo. Me dirigí a la cama y me senté. Por un instante me sentí raro. Como si algo se estuviera desmoronando en mi vida.
A la noche siguiente a la misma hora, se repitió la llamada. Esta vez el sobresalto hizo que me abalanzara sobre el auricular.

- ¿Sí? ¿Oiga? ¿Oiga? ¿Hay alguien?

Me sorprendí casi gritando en la oscuridad. Pero tampoco esta vez hubo respuesta. Me pareció adivinar una presencia al otro lado, un sonido imperceptible, una variación, una leve respiración. Pero no podría jurarlo.

- Oye, si es una broma no tiene gracia eh. No tiene ni puñetera gracia. Y colgué.

Dando vueltas por la habitación buscaba una respuesta, con la respiración agitada. Los latidos me brotaban como lagartijas por la boca, descolgándose y retumbando por el patio. Me sentí observado. 2 luces se encendieron en los pisos de arriba para volver a apagarse. Imagino que varios oídos se posaron atentos y afilados sobre mi ventana. Eran las 00:45

Estaba molesto conmigo mismo. Con ser tan blando. Y no haber tenido una frase hiriente en la punta de la lengua. Me hubiera gustado ser más contundente. Haber dicho algo impactante, que amedrentara al cabrón que estaba haciendo esto. No podía entender dónde estaba la broma. Llamar en medio de la noche. No decir nada y volver a hacerlo al día siguiente. No tiene ni puta gracia.

Al día siguiente hablé con la compañía de teléfonos. La pregunta era: ¿Puede haber algún teléfono automático que haya marcado por error mi número a la misma hora? ¿Puede ser algún error informático? ¿Algo responsabilidad de la compañía? ¿Podría localizarse el número desde el que se habían realizado las llamadas? El teleoperador no fue muy convincente. Pero negó toda responsabilidad de la empresa, así como la posibilidad de facilitarme el teléfono de otro usuario, por protección de datos. Me ofreció eso sí, la opción de cambiar de número, sin coste a mi cargo. Aunque en un principio decidí que era muy pronto como para eso, el episodio se repitió tres veces más. Y volví a llamar para realizar el cambio. Sin embargo a pesar del nuevo número, durante los 17 días que siguieron, a la misma hora, se repitió la llamada.

Esto empezó a afectarme. A pesar de mi carácter miedoso, o quizá por ello, poco a poco fue subiendo el tono y la agresividad de mis quejas, intentando sonar desafiante y seguro de mí mismo. Ni uno solo de los días hubo réplica. El teléfono sonaba a las 00:42 sin que pudiera arrancar ni una sola palabra al otro lado. Empecé a dormir mal. Repasé la gente que podía tener interés en putearme pero casi no me relaciono con nadie. No salgo con chicas. No salgo con amigos. No hablo con vecinos. A mi madre y hermana las vi por última vez en Semana Santa. Estamos a finales de Agosto. No tenía a nadie que me odiara. Sencillamente porque no tengo a nadie.

A partir del día 18 decidí experimentar. La rabia me corroía por dentro. Lo dejé sonar, cerrando todo, ventanas y persianas. Sonó una y otra vez. No cedía. Hasta que con los nervios crispados arranqué el cable de la roseta. Durante mes y medio tomé la costumbre de desenganchar la línea a partir de las 10 de la noche. Pero la incertidumbre me estaba pudriendo por dentro. Volví a fumar como hace unos años. 35 cigarrillos al día. Por la noche 7 más. Apenas lograba dormir al amanecer, 2 o 3 horas. La sensación de estar acorralado me asfixiaba. Volví a conectar la línea y esa misma noche volvió a sonar. Entendí que había que pasar al ataque. Mi estrategia era descolgar y esperar. Escuchar agazapado sin decir nada. Ser como él. Dejar que fuera él el que se cansara y terminara derrotado, colgando. Ese era mi objetivo. Vencerle con sus propias armas. En una ocasión permanecí un día y medio. Más de 40 horas escrutando algo, cualquier cosa que le delatara. Me vendaba los ojos con una tira de tela y me abandonaba. No quería ver, solamente el oído tenía sentido. Como un ajedrecista dispuesto para la batalla me armaba de paciencia, pero ni una sola vez pude oírle colgar. Al otro lado silencio. Una leve respiración. Por más horas que aguantara, nunca eran suficientes.

Transcurrieron varias semanas y nada cambió. Fue en esos días cuando empecé poco a poco a descuidar el aseo. Dejé de afeitarme. A duras penas me duchaba una vez a la semana. Me dejaba invadir por la rabia. A las doce y media me disponía, con la mano pegada al auricular, como un halcón acechando a su presa, o más bien como un ratón asustado a punto de ser cazado. Temblando. Mi único deseo era entender. Entender y devolvérsela al grandísimo hijo de puta. Así lo bauticé. Cada llamada, lo insultaba descargando mi odio. Y colgaba imaginando que lo tenía allí delante. Y lo golpeaba con furia. ¡Lo maté tantas veces!

....A esas alturas, empecé a tomar unos tranquilizantes que compré por internet. Los mismos que había tomado después de "aquello". Sin embargo, el día que se cumplían 4 meses de esta pesadilla hubo un cambio. Un único puto cambio. Cuando ya me disponía a colgar, un susurro se escuchó al otro lado. No pude entender lo que decía. Pero era claramente ¿o no? la voz de una mujer.
...

ESTRATEGIA


.................Mi estrategia es
.................que un día cualquiera
.................no sé cómo ni sé
.................con qué pretexto
.................por fin me necesites

..........................Mario Benedetti





En este mar
proceloso en que te busco,
.................................... de palabras
como bosques
que te nombran.
Palabras que esconden
más que dicen,
palabras como bosques
con tu sombra.
Con tu nombre entre los dientes
mis palabras
acuden y besan tus raíces,
te cobijan el cuerpo entre las ramas,
y con eso se contentan. Son felices.
Distraído en este océano,
enroscando mi delirio en tus anillos
mis palabras que son de hoja perenne
y que son savia
sabiamente se olvidaron de sí mismas.
encalladas como estaban,
.....................................en la arena
[de tu olvido] por buscarte,
urdieron todo tipo de estrategias.
Últimamente las he visto discutiendo
planeando -acaso- convertirse en un poema.


...

miércoles, 28 de julio de 2010

RECIÉN NACIDO

De entre todas las historias que me relataste me quedé con la del pianista. La contabas con tanta vehemencia, que nunca dudé que fue cierta. Para ti fue así. Y yo lo viví a través de tus ojos. Y todavía hoy, se alza ante mí Sofie, o como quiera que se llamase.

Y me dijiste y digo que



....no me gusta la música clásica. Chopin me suena a nombre de payaso de circo. Y Litsz me recuerda a una estación de metro. Sinceramente no he escuchado nunca un minuto seguido más allá del comienzo de Star wars. Quizá por eso, por esa falta de sensibilidad hacia la belleza (¿?) viví el episodio más enigmático en mi tediosa vida. Un episodio que todavía no logro comprender.

....Tenía diecinueve años. Por aquella época no tenía ni oficio ni beneficio. No trabajaba, tampoco estudiaba. Y pasaba el tiempo sopesando la manera de no hacerlo nunca. Estaba perdido y lo sabía.

Por casa tenían la costumbre de pasar todo tipo de individuos, invitados por mis padres. Mi padre había sido diplomático en varios países. Mi madre tenía gusto por lo exotérico. De tal manera que por casa lo mismo pasaban políticos de provincias que chamanes bolivianos con sus rituales interminables, actores de reciente éxito, gente de la radio, subdirectores de bancos. Todos atraídos por el dinero de mi madre y por la característica capacidad de seducción de mi padre, rayana en la histeria. Acostumbrado a todo tipo de personajes pintorescos no me extrañó que aquellas vacaciones de verano, mis padres invitaran unos días a Gregory Sokolov, un pianista de renombre como pude saber después. Un individuo de cabeza desproporcionadamente grande para su menudo cuerpo, de unos cincuenta años. El pelo blanco le nacía desde los lados de la cabeza, dándole la apariencia abombada de un champiñón. Con la intención de alimentar su vanidad, mi padre organizó varias encuentros aquellos días, con el indisimulado propósito de que Sokolov tuviera a bien atacar algunas notas y deleitar al resto de invitados. Sin embargo, transcurrida ya una semana de su estancia en casa. Sokolov no había puesto las manos sobre el piano. Ni una sola nota, ni fusa ni semifusa. Ni un pentagrama. Nada de lo que poder presumir. Sin embargo, en la última fiesta antes de dejarnos, -puesto que empezaba una gira por los EEUU-, se dio el caso de una joven que entusiasmada le insistía y le rogaba. Mi padre que hasta ese momento no había intervenido nunca respetando su negativa. Esta vez se permitió apoyar a la joven en su deseo. Sokolov se excusaba diciendo que estaba fatigado de sus últimos conciertos, y necesitaba descansar, pero algo en su actitud me hacía pensar que acabaría cediendo. Los encantos de la chica eran muchos, yo ya me había fijado. Quizá por eso, finalmente Sokolov se sentó delante del piano Steinway, que tantas veces había aporreado yo, a escondidas, siendo niño. De inmediato un corrillo de invitados se arremolinó alrededor, un rumor de admiración estalló como un tornado y algunos incluso se acomodaron, tomando asiento. Entre ellos la chica que logró convencerle. En mi cabeza, no sé por qué, me martilleaba un nombre. Imaginaba que se llamaba Sofie. Yo no soporto la música clásica, pero no podía apartar los ojos de la chica así que decidí que quizá convenía quedarse un rato. Sokolov comenzó a tocar de forma apasionada, yo no entendía nada. Por lo que oí decir era un preludio de un tal Rachmaninov. Posteriormente siguió con algo que me pareció triste y repetitivo. Debía estar haciéndolo bien, por lo que pude deducir de los rostros de los presentes. Después de varias piezas se oyeron aplausos rendidos, que el pianista extrañamente ignoró para comenzar otra pieza, y luego otra y otra. Después de más de media hora, mi padre aprovechó un silencio para hacer un gesto de agradecimiento que parecía querer decir que ya era suficiente, sin embargo el pianista continuaba, visiblemente congestionado. Los movimientos de sus dedos sobre el piano me resultaban hipnóticos. Tuve la sensación de que cada vez tocaba piezas más aceleradas. Era ya tarde. Algunas personas del público empezaron a retirarse discretamente y ahí es donde comenzó lo enigmático. Según los movimientos de las manos se hacían más vertiginosos y su cuerpo envuelto en sudor se retorcía sobre el piano, Sokolov iba rejuveneciendo. Era un fenómeno extraño, pero indudable y fascinante, ante mis ojos. Pasada la medianoche apenas quedaban 5 personas, y Sokolov aparentaba la edad de un joven apenas mayor que yo. Miré abiertamente a Sofie, me pareció más hermosa que nunca. Le hice un gesto de extrañeza. ¿Solamente yo estaba siendo testigo de esta metamorfosis? Sokolov apenas tendría ya, 14 años, y redoblaba su energía abalanzándose sobre las teclas, febril, como un corredor de fondo a punto de derrumbarse. Creo que mi mirada iba como un péndulo de Sofie al pianista y viceversa, y ella me pareció a esas horas ya una diosa. Se me nubló la vista. Creo que dormité. Me despertaron los sonidos especialmente atronadores que parecían salir de los brazos y la cabeza del pianista. Ya sólo quedábamos ella y yo y un niño de unos 6 años que con las piernas colgando del banco, trepando sobre las teclas deslizaba sus dedos a una velocidad que no me permitía siquiera seguirlas. Creo que quise decir algo, o quizás lo dije, quise preguntarle a Sofie su nombre o simplemente salir de allí. Sin embargo como en una especie de trance perdí el conocimiento hasta bien entrado el día siguiente. Desperté sobre la alfombra. Admiré el silencio. Levanté la cabeza. Un murmullo se hizo presente. Me paré a escuchar. Al fondo del pasillo junto a la puerta de entrada. Oí claramente a mi padre con su voz metálica y su risa socarrona. Los últimos invitados que se habían quedado a dormir se iban despidiendo. No volví a ver a Sokolov. Sofie fue la última en salir. Me decepcionó comprobar que no había ni rastro de la diosa que creí ver. Era una chica normalita. Fue la última. Y reconozco que corrí tras ella, y la vi alejarse con parsimonia, calle abajo, empujando con ambas manos un carrito de recién nacido.

miércoles, 23 de junio de 2010

¿POR QUÉ SOY DE IZQUIERDAS?


A veces me pregunto esto. Como para aclararme. Recuerda la campaña aquella del Atleti, "papá, por qué somos del atleti?" En una época muy dura para ellos, en la que básicamente no hacían otra cosa que perder. Por qué ser del atleti... si los que ganan son otros. Por qué ser de izquierdas en un mundo que hace gala del individualismo, el libre mercado, el dinero como único motivo, la productividad, el consumo desaforado como mantenimiento del sistema, la especulación como algo legítimo, y últimamente el abaratamiento del despido, y la rebaja de los logros sociales que se han ido ganando a lo largo del s.XX. La reforma laboral dice el Banco de España que no le llega. Yo creo que deberían hablar más claro. Como toda reforma laboral lo que busca es abaratar el factor trabajo, para mejorar el beneficio empresarial, deberían ir al grano y postular más claramente la vuelta a la esclavitud. Perdonad la demagogia pero nunca hubo menos paro que con la construcción de las pirámides. Pero no me quiero ir de la idea. En este mundo tan complejo las palabras ya no significan casi nada y las usamos como a Lewis Carroll le divertía (las palabras significan lo que yo quiero que signifiquen), y eso incluye que un terrorista pueda llamar fascista a un juez, o un fanático de cualquier religión pueda invocar la palabra libertad sin que la cara se le vuelva de cartón piedra. En este mundo complejo en el que ninguno somos expertos en teología, ni economía, ni sociología, pero todos pontificamos y hablamos como si supiéramos. Todos encontramos un resquicio para ver el mundo. Eso marca nuestra manera de interpretar la realidad. Cada uno desde nuestra atalaya particular interpretamos y sesgamos la realidad. Y nos volvemos impermeables, a veces, a los argumentos de los demás.
Yo soy de izquierdas porque sé a quién pertenezco y a quién quiero favorecer. Es una elección personal. Supongo que soy de izquierdas porque no soporto la desigualdad. Porque creo en un cierto intervencionismo del estado, para que garantice entre otras cosas la redistribución de la riqueza. Porque me gusta un estado fuerte, con una política fiscal fuerte que grave al que más tiene. Porque creo en los derechos individuales de la persona, por encima de religiones, tradiciones y costumbres (¿por qué la iglesia católica tradicionalmente ha estado siempre tan cerca del poder ya fuera éste monarquía, dictadura o lo que fuera?) Porque no creo en los lobos dando de comer a las ovejas. Porque sé quién tiene la sartén por el mango, quién tiene el poder, y quién lo sufre. Porque sé quién me defendería si tuviera un problema en el trabajo. Porque se sabe quién provoca las crisis y quiénes las acaban pagando (¿pero no postulan los neoliberales la no intervención del estado? ¿qué hacen entonces los gobiernos saliendo a salvar bancos?). Porque ya no hay ideologías, y no nos gobiernan partidos sino poderes económicos. Porque desde mi atalaya hay demasiada gente que necesita ayuda. Porque además no es sostenible un mundo con tanta desigualdad, no es viable. Ni justo. Si la izquierda está más unida a los núcleos melancólicos, y la derecha a los esquizoides, si el comunismo es confusional. Yo debo ser muy confuso. A veces pienso que el comunismo es algo demasiado avanzado para esta época (el comunismo como idea, lo de Fidel y demás es la locura). Algo así como ponerle a Torquemada en las manos un portátil con conexión wifi. Y que moralmente no estamos preparados. Al fin y al cabo el arquicerebro, las partes más antiguas y arcaicas evolutivamente de nuestro cerebro, ligadas a las emociones, prácticamente no se han desarrollado los últimos cientos de miles de años. Quién sabe. A lo mejor algún día evolucionamos y cuando los tataranietos de nuestros tataranietos miren hacia atrás y vean nuestras fotos pixeladas, piensen con asombro qué brutos eran nuestros viejos, qué atraso!, la gente se moría de hambre y lo permitían! o había países en el que se juzgaba y asesinaba a los homosexuales! de la misma forma que ahora miramos con asombro las barbaries pasadas.


sábado, 19 de junio de 2010

No me lo cuentes, vamos a verlo.


Esa es la consigna. A la que no voy a poder ser fiel, porque voy a hacer justo lo contrario. Me gustaría explicaros lo que es el Psicodrama. Pero no me resulta fácil, aun después de 6 años de idilio. Porque es algo parecido a explicar cómo se juega al fútbol. Se entiende mejor jugándolo. Y las palabras son limitadas, una cadena de significantes inagotable, que nunca llega a atrapar la totalidad del significado. Por eso quizás también nació el Psicodrama. Por la limitación de las palabras. Y constatar el papel catalizador del cuerpo, al entrar en juego. Todo un lenguaje, el del cuerpo, que lamentablemente se margina hasta hacerlo desaparecer en las escuelas. Sin embargo me apetece contaros algo sobre esto porque es valiosísimo. A todos os enriquecería pasar por una formación de este tipo. Sueño con esto a veces. Un mundo en el que Tele5 y su influencia languidece y el Psicodrama se pone de moda. Algo así como el Psicoanálisis en Argentina. Aunque sospecho que esta fantasía se quedará en eso. Tele5 saldrá triunfante. Se convertirá en la influencia universal. Y el psicodrama seguirá siendo un bicho raro o un hermano menor en el mejor de los casos.


Lo primero que habría que decir, si quiero situaros, es que Psicodrama es igual a "acción". Poner en acción psiquismos. Sacar fuera lo que está dentro. Lo no dicho. Poner en escena miedos, fantasmas, fantasías, personajes internos, hechos pasados o presentes, roles, relaciones con los diferentes "objetos" que pueblan nuestra vida, sueños, partes de uno mismo. Es una manera de mirarnos. Mirar hacia dentro para conocer lo que somos. Conocer lo que somos para permitirnos serlo. En el fondo esto no es muy diferente de lo que otras psicoterapias también pretenden. El plus que aporta el psicodrama es la tridimensionalidad. El poder ver, a través de la puesta en escena lo que nos atenaza, precisamente para desdramatizarlo. Más que Psicodrama, debería llamarse Psico-desdrama (Rafa González Mendez dixit). Para ello el grupo es fundamental, el grupo y su honestidad. El grupo es más sabio que el terapeuta. Te irá ayudando a vivir la escena, y a ir más allá de ella. A aportarte partes de ti mismo que tenías cegadas. Quizás alguien piense, por qué revivir algo que me hizo daño. No quiero pasar por eso. Pero no es tocar la herida por el mero hecho de tocarla. Es representarla para aprender de ello. Para tener la oportunidad de repararte y dejar que te reparen. Para entenderla mejor quizás. O para tolerarte mejor y rebajar el sadismo interno. En definitiva para hacer algo diferente, de lo que hiciste o de lo que sueles hacer. Para descubrir los roles en los que te congelas y te atrapas, o al revés, en los que estás adaptado y a gusto, pero que no te dejan desarrollar otras partes de ti mismo. No somos uno. Un solo rol. Una unidad. Somos muchos personajes. Conviene acordarse para darle bola a todos. Y permitirnos serlos.

Os pondré un ejemplo, hace años, en el contexto de la psicosis os hablo. Un chico muy replegado sobre sí mismo, muy inhibido, habla muy poco. Quizás vive "al otro" como un peligro permanente. Alguien que se puede volver contra uno y devastarte. En ese contexto jugábamos a ser cada uno un objeto, el objeto que quisiéramos ser. Andando por la sala cada uno fue eligiendo su objeto y una característica, qué defina lo importante de ese objeto. Este chico elige una apisonadora. Una apisonadora, imparable. Todo el grupo juega a ser apisonadoras. Se transforman en seres imparables. Justo lo que no son. Lo que no se atreverían a ser en ningún momento. Y se ríen, viendo las diferentes maneras de convertirse en una apisonadora. Y así sucesivamente se fueron transformando en jarrones serviciales, televisiones ilusionadas, balones apasionados. En el compartir final, alguien comenta que también hay cosas rescatables de ser una apisonadora en la vida real. ¿Qué significa también ser imparable? Ser decidido, plantearte objetivos e ir a por ellos. Ser constante, no rendirse. Evidentemente no pasa desapercibido el aspecto agresivo que aflora al proponer ese objeto. Una agresividad y una rabia profunda, evidentemente negada si hubiera sido confrontada pero que aquí se canaliza y se juega.


Una idea final por hoy. Hay una parte catártica en todo esto. En representar un fuerte enfrentamiento con tu padre, o un aborto, o el nacimiento de tu primer hijo, las dificultades de relación con tu jefe, la escena temida si te acercaras a una chica, o...
Hay una parte catártica. De registro emocional alto, regresiva en ese sentido. Hay que vivir la escena, no fingirla. Pero también hay una parte de aprendizaje. Una parte de espontaneidad. Una de humildad y de rebaja del narcisimo, al devolverte el grupo lo que percibe. Una de contención, porque el grupo te acuna. Una de coraje para mirar en lo oculto. Y necesariamente una elaborativa, de integración de lo que se ha vivido en la escena. No es sólo catarsis. Sino elaboración. Y de esa conjunción, es de donde nace la riqueza, y el cambio.





jueves, 27 de mayo de 2010

QUE DIGO YO, QUE SIGO AQUÍ







Que digo yo, (y hace tiempo que no decía),




que dice El mundo, ese gran periódico, que resulta que el gobierno mal, porque le sube los impuestos a los ricos, y eso ha provocado (le ha faltado decir, "como es lógico") una evasión de capitales de no sé cuantos millones de euros. No sé llamadme raro, pero no sería al reves? ¿lo criticable no es que la gente se lleva el dinero fuera, en vez de la medida del gobierno?




que dice la gente que no le ha gustado el final de lost, pero digo yo, ¿la gente no se plantea que no ha entendido nada?



y que es un final, así como ñoño, sensiblero, ¿pero no os parece suficientemente amargo ver a Jack palmarla en el suelo, desangrándose como un verraco? (ojo spoiler, vaya, demasiado tarde)



y que dicen en Europa, que las medidas que está tomando el gobierno (lo de los funcionarios y tal) que son "medidas valientes", pero de qué valentía están hablando? , ¿lo valiente no hubiera sido yo qué sé, no salvar a los que han provocado la crisis? ¿o reducir déficit público recortando la financiación de la iglesia? ¿quitarse ellos las pensiones vitalicias? ¿cotizar lo que cobran y dejar de cobrarlo en dietas?




y que dicen unos en Lleida que eso de obligar a que no lleven burka las mujeres, que es coartar su libertad religiosa, así que ya sabéis, el burka las hace libres! Stop ya, a la esclavitud de poder ir sin velo!



y que dice la gente que los pisos están carísimos, pero luego cuando les toca venderlo lo hacen a precio de oro,



y que no hay ayudas a la vivienda, pero luego la gente se hace con un piso de protección a precio de saldo y se gasta no sé cuántos millones en ponérselo de lujo (¿pero no estaban pensados para gente con menos recursos?), o lo alquilan... o te lo venden pero en negro...



y que las ayudas se las llevan los emigrantes, que son unos malvados que viven como quieren, y que no hay manera de conseguir plaza en guardería, ¿ya pero con 40.000-45.000 € de sueldo al año entre los dos (¿no te parece que no eres el perfil para recibir ayudas? por lo menos las ayudas que existen ahora)




y dice no sé quién que si últimamente no somos "neutrales" en Madrid, como deslizando la crítica, pero sin explicar qué coño es ser neutral... Seguiré esperando en este limbo cibernáutico una aclaración (ya que, disculpa se ve que no), mientras canto el himno madrileño, mastico a 2 carrillos un buen cocido, con una miniatura de la cibeles en la mano, y pienso en cómo implantar un cupo para que no vengan aquí canar... piiiiiiiiiiiiiiiiiii a trabaj... piiiiiiiiiiiiii



que digo yo, que sigo aquí, y que no soy neutral. Para nada.


No contéis con mi neutralidad.




PAÍSES VISITADOS


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