
¿Y si la noche fuera eterna
y no existieran los días?
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¡Qué manera de llover!
De amortiguarse la luz
por las esquinas escapando
a mi mirada.
En tonos sepia, mortecinas
las gotas caen a plomo
acuchillando las vidas huecas
que vacías
se arrastran como arados
por suelo pedregoso.
¡Qué manera de llover!
Y no llovía.
Afuera era verano.
La luz triunfaba.
Era de día.
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